La comunidad cristiana inicia con la congregación en grupos para compartir las sagradas escrituras, que con su enseñanza se acoge el reino de Dios y por ende la salvación, que se alcanzara a través de la santidad y seguimiento fiel a los parámetros de las mismas.
Todos somos hermanos en el amor de Jesucristo, es decir, en una unión fraternal donde hacemos el bien por el prójimo, nos amamos a pesar de las diferencias y buscamos ser apoyo en la tripulación.
Mantener una relación estrecha con Dios
a través de la oración y la comunión, cada mañana lo primero que debemos hacer
al despertar es orar solicitando Su guía y protección lo cual nos ayudara a
pasar las pruebas y poder cada domingo tomar el pan y el vino como símbolo de
comunión con El.
No podemos ser jueces de nuestros
hermanos, el único que juzga es Dios al ser el Perfecto, nuestro papel es
orientar y perdonar, no podemos guardar rencor por acciones en contra de
nosotros sino como Él nos perdona cada día para alcanzar la salvación nosotros
debemos tratar de la misma forma, actuar de la misma forma que quisiéramos ser
tratados.
El evangelio debe llegar a todas las criaturas y este mandamiento se cumple a través de
los misioneros pero es parte de la comunidad ser hospitalaria y brindarles los
medios para continuar con su labor. Si vemos un misionero debemos acércanos
para saber si tiene necesidad, su labor es peligrosa y sacrificada hagamos la
misma más liviana cubriendo de las necesidad básicas.
Respeto por nuestros líderes, evitar
criticarlos y ser un apoyo de su labor por medio del discipulado.
La comunidad cristiana es la base en la
cual Dios quiere sentar su Reino en la tierra, lo primero que debe haber en
ella es el amor que perdona y nos une para continuar en este caminar que aunque
en muchas ocasiones difícil su recompensando es la vida eterna.

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